En el streaming peruano, enero de 2026 no fue un mes más. Mientras el canal peruano Zaca TV, que venía posicionándose en los rankings de Youtube, anunciaba la salida de parte de su elenco y detenía transmisiones, otro proyecto, liderado por el trasfondo televisivo, María Pía Copello, transformó su propio canal en un nuevo nombre de peso que causó escándalo. En cuestión de semanas, el tablero cambió.
María Pía Copello, quien se retiró en 2025 de “Mande quien mande” (América TV), lanzó +QTV Network con una alineación potente: Daniela Darcourt, Paolo Guerrero, Karina Rivera y creadores jóvenes como Pol Deportes y Dafonseca. El movimiento parecía como una declaración de guerra en un mercado que ya tenía líderes claros. En un informe publicado por Luces de Diario El Comercio con información de Adatha Media, entre el 20 y el 27 de enero de 2026, “Ouke” (Carlos Orozco) promedió 13.357 espectadores por emisión en vivo; “Habla Good” (Todo Good), 12.331; y “La Manada” (SATÉLITE+), 10.170, según Data Trip (Adatha Media). Si hablamos de contenidos peruanos del rubro entretenimiento en Youtube, ellos estaban liderando el ranking el mes pasado.
Habiendo tanta competencia además de los peruanos que dominan Youtube, la pregunta surge: ¿Qué puede aprender María Pía —y cualquier creador que quiera montar un canal— de la pausa de Zaca TV? El productor de televisión y experto en contenidos digitales Fernando Reátegui Marchesi, y el especialista en marketing y docente de Pacífico Business School, José Ruisdías Rojas, responden cómo la euforia digital puede desinflarse si no hay estrategia. A partir de ello, mostramos la siguiente guía.
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Según Reátegui Marchesi, Zaca TV logró comunidad y visibilidad para sus integrantes, pero careció de una visión sólida de largo plazo. Sostiene que en streaming no basta con sentar a figuras llamativas o influencers populares frente a una mesa para conversar. Ese modelo puede generar curiosidad inicial, pero no necesariamente “fidelización”, ni del público ni de los propios miembros del equipo. Como contraste, menciona otros canales que han logrado mayor estabilidad gracias a una línea editorial clara, como “La Roro Network”, propiedad de Carlos Orozco, o “Canal Ya”, de Marco Sifuentes, con al menos cinco años transmitiendo contenidos.
“Hay que considerar que las generaciones van cambiando y el compromiso también. No puedo calificar a Zaca TV, pero su imagen antes y después de 2025 cambió. Asumieron que todos se iban a quedar. Es la muestra del compromiso hacia su proyecto, que no estaba desarrollado del todo. La lección aquí es que tiene que haber solidez en el canal de quienes prestan su imagen”, dice.
Reátegui observa que el streaming peruano atraviesa una transición. Tras una primera ola de contenidos ligeros e improvisados, el público empieza a valorar más preparación y conocimiento especializado, incluso en entretenimiento.
Cita como referencia el caso de Canal Red en España, donde el análisis informado y la capacidad comunicativa generan alta fidelización y comentarios de agradecimiento del público. En ese contexto, la apuesta de María Pía Copello tiene ventajas evidentes: experiencia, reconocimiento y capacidad de convocatoria. Pero el mercado digital no concede inmunidad por trayectoria. El streaming peruano ya no está en fase de ensayo.
“Lo interesante de este canal español es el diálogo de personas que han investigado. Se mantienen actualizadas en los temas que abordan, les permite tener análisis más profundos. Desde su estreno, crecieron en niveles de fidelización del público. ¿Qué sucede? Cuando no escuchas voces que imponen ideas o dicen ‘a mí me parece’ o ‘yo opino’, sino algo más analítico, entonces se nota un desarrollo diferente de la conversación”, dice Marchesi. Por eso, es importante sentar en un panel a personas que no solamente se lleven bien entre sí, sino que el diálogo sea atractivo más allá del espectáculo.
Tener picos de visualización no equivale a tener audiencia fiel. Ruisdias insiste en que la fidelización es la verdadera base de la estabilidad digital. De nuevo, reunir influencers puede generar curiosidad, pero no necesariamente compromiso. Si el vínculo es solamente económico o coyuntural, el proyecto queda expuesto a rotaciones constantes.
“La idea más importante es la construcción de la comunidad. Porque una cosa es tener vistas y otra tener una audiencia fiel. Si el público no se siente parte del proyecto, se va. Es clave en esos programas que nacieron en lo digital. Si pierde audiencia y tiene muchos picos de visualizaciones, probablemente el proyecto no vea la luz en el mediano o largo plazo, o se vaya perdiendo el interés”, apunta Ruisdías Rojas.
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Ruisdias considera que subestimar la gestión es uno de los errores más graves. Muchos canales no planifican adecuadamente costos, ritmo de producción ni modelos de monetización desde el inicio. Crecen rápido, pero sin estructura financiera sólida. “Este es el gran elefante de la sala. En general, estos espacios tienen varias fuentes de monetización. Pero ahí el problema es que muchos solo apuestan por una sola, seguramente es muy riesgoso. Hay varios modelos de monetización en streaming, pero probablemente la más conocida es la directa. Es decir, Youtube te paga por el nivel de vistas”, apunta.
Depender solo de la publicidad directa de la plataforma es insuficiente. Ruisdias propone diversificar ingresos mediante integraciones y auspicios bien trabajados, eventos en vivo, productos propios o negocios paralelos impulsados por el canal, así como el desarrollo de marca personal —consultorías, conferencias o alianzas estratégicas—.
Muchos proyectos migran figuras televisivas a YouTube, pero conservan la lógica del estudio cerrado y la pauta rígida. Para +QTV Network, no basta con transmitir en internet, sino hablarle a la audiencia. Una razón de la migración de María Pía hacia lo digital, según una transmisión suya la semana pasada, fue la libertad de poder hablar con el público sin guiones. Con ello, poder aclarar temas privados y familiares alrededor de los comentarios sobre la fortuna de su esposo y las críticas al negocio de su hija “Catitejas de Catalina”. Sin embargo, todavía hace falta mayor interacción con las personas que comentan en vivo.
Declarar “no somos TV” (caso de Hablando Huevadas) o “somos más que TV” (María Pía) se convierte en un problema si el contenido no demuestra realmente una diferencia. La paradoja es que muchos proyectos digitales quieren diferenciarse de la televisión, pero terminan copiando sus formas más tradicionales.
“Esto podría ser un error de posicionamiento en lo que se llama la promesa de valor, que al final termine siendo cerrada y que sí, termine siendo lo mismo de la televisión. Si ‘no son TV’ tiene que demostrar esa promesa de que realmente se hacen las cosas diferente a la televisión”, explica Ruisdías Rojas.
“Pero también pienso en canales que no hacen ningún esfuerzo en transformar lo televisivo a redes sociales, como Philip Butters, que tiene una audiencia probablemente mayor de 40 años, que viene de una generación familiarizada con la TV y que se siente más cómoda viendo lo mismo en todas las plataformas”, agrega. Por otro lado, en redes, replicar la lógica de la TV puede desconectar con la audiencia más joven, que busca cercanía y espontaneidad, que busca romper la pared .
Para Ruisdias, un canal sano debe observar métricas específicas: tiempo de visualización (watch time), retención de audiencia en los primeros minutos, frecuencia de regreso —espectadores recurrentes— e interacción (comentarios, “me gusta”, compartidos).
Evaluar datos es obligatorio. Pero hacerlo con ansiedad puede ser contraproducente. La construcción de audiencia es un proceso de mediano plazo. La urgencia por monetizar rápido puede llevar a saturar de publicidad o tomar decisiones tácticas que desgasten al público.
El algoritmo cambia, las métricas evolucionan. Lo que no cambia es la necesidad de consistencia. En ese equilibrio entre análisis y paciencia se juega buena parte del éxito. Sin eso, el éxito es solo una tendencia pasajera.














