Me pregunto si alguno de los críticos de Paolo Guerrero no se ha equivocado alguna vez. O ha tenido un episodio de depresión.
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Hace nueve años, cuando tres palabritas sacudieron al país -resultado analítico adverso-, el común de los hinchas y un gran sector del periodismo cuasi santificó al capitán de la selección. Quien osaba dudar de su integridad era crucificado mediáticamente. Sugerir que se hubiera dopado era una temeridad incalificable. Aquella vez se acusó injustamente a mucha gente -una modelo, la nutricionista, el ‘asistente’ de Gareca, Claudio Pizarro, el periodista Pierre Manrique, el mesero del hotel – y a nadie se le ocurrió que quizás -solo quizás- Guerrero simplemente cometió un error.
Con el tiempo, la presunta inmunidad de Paolo desapareció. Pese a que nunca se probó que haya ingerido una sustancia prohibida adrede, los hinchas rivales suelen recordarle ese momento con insultos deplorables. Y dentro del aliancismo, pese a sus innumerables gestos como llevar el número 34 en la espalda, es menos querido de lo que muchos imaginan.
¿Por qué se negó a patear el penal ante 2 de mayo? ¿Es creíble la versión que dio? ¿Cómo es posible que el estandarte de la selección, el héroe de la clasificación a Rusia, el mejor delantero peruano de los últimos 50 años no se haya sentido “con confianza” en el partido más importante de Alianza de la temporada?
A lo largo del día se han tejido mil teorías. Una señala que en realidad se echó la culpa de lo ocurrido para resguardar a Erick Castillo, el supuesto verdadero ‘malo’ de la película. Otra que le permitió disparar al ecuatoriano a manera de regalo porque el 5 de febrero fue su cumpleaños. Una más -muy tirada de los pelos- señala que fue un acto de protesta ante los desatinos permanentes de Pablo Guede.
Castillo erró el penal sobre el final del primer tiempo.
¿Pero por qué descartar a priori su versión? ¿Acaso Guerrero no puede tener un momento de debilidad?
¡Pero es el capitán de la selección, el héroe de toda una generación, el gran penalero aliancista! ¿Acaso tuvo miedo ante Boca en la Bombonera o Brasil en Maracaná?
No, no lo tuvo. Pero eso no quiere decir que en algún momento no dude, no tenga la misma fortaleza mental de otros instantes. ¿Por qué? Porque es un ser humano.
La depresión es uno de los principales problemas de salud pública del país. Y la puede sufrir cualquiera, desde el vendedor de papas del mercado que llega raspando a fin de mes hasta el empresario que maneja un Aston Martin por la avenida Santa Cruz. En el 2024, más de 220 mil personas acudieron a establecimientos del Ministerio de Salud para atenderse por casos de depresión. ¿Cuántos más lo habrán hecho en consultorios privados? O, peor aún, ¿cuántos no quieren admitir que esos dolores de cabeza, esas incomodidades inexplicables, son señales de haber caído presos de ella?
La eliminación de Alianza de la Copa Libertadores constituye un fracaso gigantesco por la millonaria inversión que hizo su dirigencia y los buenos jugadores que logró reunir. Y no hay dudas de que el penal errado por Castillo perseguirá a Guerrero hasta el final de sus días. Pero no dejemos de lado al ser humano. Y Paolo, ese a quien a veces dotamos de poderes extraordinarios, también lo es.