El escenario internacional se caracteriza por un entorno de mayor incertidumbre asociado al manejo de la política económica en EE.UU. Sin embargo, también registra elevadas cotizaciones de los principales commodities, que se sostendrían ante la transición energética y la revolución de la inteligencia artificial. Para el Perú, esto supone oportunidades y desafíos en particular para sus próximas autoridades.
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En esa línea, los mercados se mantienen alertas ante cambios en la política económica. Por un lado, persiste el riesgo de nuevos aumentos en los aranceles en un contexto donde EE.UU. aplica tarifas promedio para China e India mayores a 30%, muy por encima de 2024. Alrededor del 70% de esta carga sería asumida por los consumidores mediante incrementos en los precios, según estimaciones de Goldman Sachs. Por otro lado, la nominación de Kevin Warsh como presidente de la FED generó una reacción en el precio del oro y reavivó el debate sobre la independencia del banco central.
En este escenario de incertidumbre, las principales economías muestran indicios de moderación. Por ejemplo, EE.UU. creció 2,5% en los tres primeros trimestres de 2025, lo cual representa un avance menor respecto al 2024 (2,8%). Además, sin el impulso del gasto asociado al auge de la inteligencia artificial (equipos, software, data centers), que explicó 40% del alza, el ajuste habría sido mayor. A esto se suma el debilitamiento de la construcción en China durante 2025: la inversión en el rubro inmobiliario cayó 17,2% y en infraestructura productiva 3,8%. Ello anticipa una menor importación de insumos para la construcción como el acero y el cobre.

Infografia: Información IPE. Elaboración: Antonio Tarazona / El Comercio)
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En el corto plazo, los precios de los metales de exportación se mantendrían en niveles históricamente altos: el precio del oro y del cobre continuarían en torno a US$5.000 por onza y US$6 por libra, lo que representaría un incremento de cuatro y tres veces, respectivamente, en comparación a la década previa. Esto representa una oportunidad clave para duplicar la inversión minera como porcentaje del PBI a niveles por encima de 4,0%, como en el anterior superciclo de precios. Este contexto contribuiría a mantener un saldo comercial positivo y una mayor recaudación, como ocurrió en el 2025: la balanza comercial acumuló un saldo de alrededor de US$32.000 millones (9,4% del PBI) y la recaudación tributaria por renta empresarial creció a dos dígitos (12,7% real), incluso sin considerar ingresos extraordinarios. Finalmente, otro impacto del escenario mundial viene siendo la apreciación del sol, donde el tipo de cambio se redujo de S/3,72 a S/3,35 por dólar en el último año, acumulando una caída histórica de 10%.
No obstante, en el mediano plazo, la desaceleración global introduciría riesgos para el comercio peruano. En el 2025, 48% del flujo comercial del país (US$72.000 millones) se concentró en China y EE. UU. Aunque los acuerdos comerciales vigentes brindan acceso preferencial a estos mercados, un crecimiento más modesto de nuestros principales socios reduciría la demanda por las exportaciones peruanas. Así, el FMI prevé que, entre el 2026 y 2030, China y EE.UU. crezcan 3,9% y 2,0%, respectivamente, por debajo del quinquenio pasado (4,9% y 2,4%).
“El Perú enfrenta un entorno global incierto, pero con unos precios de los minerales excepcionalmente altos. Las próximas autoridades deberán salvaguardar la estabilidad macroeconómica».
La política comercial también resulta clave en un contexto donde el arancel promedio de EE.UU. al Perú se elevó de 0,1% a 7,7% desde el 2024. A puertas de las elecciones, solo nueve de los 35 planes de gobierno incluyen propuestas para avanzar en la negociación de los siete acuerdos comerciales que el Perú mantiene con países de Asia y Centroamérica. Además, será fundamental un manejo estratégico del Perú frente a los principales aspectos geopolíticos con potencial impacto en el país.
El Perú enfrenta un entorno global incierto, pero con unos precios de los minerales excepcionalmente altos. Las próximas autoridades deberán salvaguardar la estabilidad macroeconómica, la seguridad jurídica y liderar una agenda clara de inversión y comercio exterior para promover el empleo, el crecimiento y la recaudación.














