En su primera intervención pública desde su llegada a Minnesota, el enviado especial del presidente Donald Trump para supervisar las operaciones migratorias, Tom Homan, prometió este jueves que trabajará para reinstaurar la “ley y el orden” y anunció que el número de agentes federales de inmigración en el estado podría reducirse, aunque condicionó esa medida a la “cooperación” de las autoridades locales y estatales.
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Homan –enviado por Trump esta semana para asumir la conducción del operativo en el terreno– rechazó que el gobierno esté dando marcha atrás en su política migratoria, pero sostuvo que se buscará una ejecución “más inteligente”, con menos confrontación directa en las calles. “La retirada de agentes dependerá de la cooperación”, afirmó el llamado zar de la frontera, al señalar que una mayor coordinación con cárceles y autoridades locales permitiría concentrar las detenciones en centros de reclusión y no en espacios públicos.
Un operador político, no una elección al azar
Para el internacionalista de la Universidad Antonio Ruiz de Montoya (UARM) Ricardo Falla, la designación de Homan no responde únicamente a la urgencia de contener la crisis en Minnesota, sino a un cálculo político más amplio por parte de la Casa Blanca. “Tom Homan no es un neófito. A diferencia de otros funcionarios del gobierno de Trump, tiene una larga experiencia como operador de conflictos y como funcionario público”, señaló a El Comercio.
Falla recordó que Homan inició su carrera en las fuerzas policiales, fue director ejecutivo de ICE durante la administración de Barack Obama –cuando incluso recibió un reconocimiento oficial–y volvió a ocupar cargos clave en el primer mandato de Trump. “Es un hombre ideológico, un conservador claro, pero con experiencia. Tiene más muñeca y mayor capacidad de negociación que otros cuadros del actual gobierno”, explicó.
Según el analista, ese perfil lo convierte en una figura capaz de generar consensos dentro del propio Partido Republicano, en un momento de desgaste político para Trump. “Más que estar pensando en los demócratas, Trump está mirando a su propio partido. Hay sectores republicanos desconcertados y descontentos, y vienen elecciones parlamentarias. En ese contexto, Homan puede funcionar como un factor de orden interno”, afirmó.
Desde esta perspectiva, la estrategia desplegada en Minnesota va más allá del manejo inmediato de la crisis local. “Yo no creo que esto sea solo un control de daños en Mineápolis. Es un control de daños pensando en las elecciones parlamentarias”, sostuvo Falla, al subrayar que la caída en la popularidad del presidente obliga a la administración a evitar escenarios de mayor confrontación social.

Balas, rabia y miedo: el choque entre Minneapolis e ICE que rompe a una comunidad (Foto: Charly Triballeau / AFP)
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Cooperación y límites del federalismo
Homan ha planteado que la presencia de agentes federales se reducirá a medida que disminuyan las protestas y aumente la cooperación de las autoridades locales. De acuerdo con Falla, se trata menos de una solución estructural que de una maniobra táctica. “Estamos ante una política día a día. Se toma una decisión y se evalúa la reacción, primero del gobierno estatal y luego de la propia población”, explicó.
El analista subrayó que Estados Unidos es un país “profundamente federal” y celoso de la autonomía de sus estados. “La presencia masiva de fuerzas federales toca fibras muy sensibles. Anunciar una reducción también es un mensaje político de respeto a ciertos fueros estatales, aunque pueda ser, en parte, un saludo a la bandera”, indicó.
La “cooperación” exigida por Homan enfrenta, además, límites institucionales. “Aquí hay un tema de competencias y potestades en el territorio. El gobierno federal afectando al gobierno estatal siempre genera fricciones, y en un país tan federal como Estados Unidos eso pesa mucho”, advirtió Falla.
A su juicio, el objetivo inmediato no es rediseñar la política migratoria, sino reducir la tensión social. “Cuando una sociedad está tan convulsionada, no tiene sentido tomar decisiones estratégicas de largo plazo. Lo primero es bajar la tensión cultural y social, y cualquier gesto será evaluado paso a paso”, añadió.
Presión política en Washington
La crisis en Minnesota se desarrolla en paralelo a una creciente presión política en Washington. La secretaria de Seguridad Nacional, Kristi Noem, enfrenta llamados de legisladores demócratas para iniciar un juicio político (impeachment), mientras el Congreso debate un paquete presupuestario que incluye la financiación del Departamento de Seguridad Nacional.
El experto consultado por este Diario considera que estos frentes se conectan. “Toda la administración está jugando en múltiples escenarios al mismo tiempo. Lo que ocurra en el Congreso, el debate presupuestario y el desgaste institucional también influyen en cómo se gestiona la crisis en Minnesota”, señaló.
Una agenda que mira más allá de Minnesota

En los últimos meses, la presión y las incautaciones de Estados Unidos a petroleros con crudo de Venezuela han contribuido a reducir los envíos a los socios de Caracas, incluido Cuba.
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El internacionalista de la UARM opina que la gestión de la crisis en Minnesota no puede leerse de manera aislada del contexto internacional que enfrenta la administración Trump. “Estados Unidos no juega un solo escenario a la vez. Las decisiones de política interna están siempre conectadas con lo que ocurre en el plano internacional”, sostuvo.
En ese sentido, consideró que la Casa Blanca estaría evaluando cómo eventuales movimientos en el exterior podrían reconfigurar la agenda política y mediática interna, desplazando el foco de las tensiones sociales que hoy se concentran en ciudades como Mineápolis. “Un giro fuerte en la política exterior puede cambiar completamente las prioridades del debate público dentro de Estados Unidos”, explicó.
Falla apuntó que Cuba ocupa un lugar central en ese cálculo estratégico. Sin entrar en escenarios concretos, señaló que la administración Trump observa con atención la situación en la isla y su impacto regional. “La política exterior también es una herramienta para ordenar la política interna”, afirmó.
Desde esa lógica, la designación de Homan y los gestos de desescalada en Minnesota formarían parte de una estrategia más amplia orientada a ganar tiempo, reducir fricciones domésticas y preservar capital político de cara a los próximos meses.














