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Las frías relaciones entre EE.UU. y la Unión Europea han sufrido un nuevo resquebrajamiento luego de que se conociera que efectivos del Servicio de Inmigración y Control de Aduanas, más conocido por la abreviatura ICE, formarán parte de la delegación diplomática estadounidense en los Juegos Olímpicos de Invierno que se celebrarán en Milán (Italia) entre el 6 y 22 de febrero.
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Pero de hipotéticos se pasó a lo comprobado, cuando la propia ICE confirmó este martes 27 su participación en los Juegos Olímpicos, aunque aclarando que los agentes participantes pertenecen al Servicio de Seguridad Interna (HSI), agencia federal que si bien se encuentra bajo el paraguas de ICE, no ejecuta deportaciones en Estados Unidos.
Esta división de ICE se encarga de investigar un gran número de delitos internacionales como trata de niños, actos cibercriminales, tráfico de armas y de drogas, por lo que también tiene oficinas en varios países, incluido Italia, en pos de su misión de proteger a ciudadanos estadounidense dentro y fuera del país.
“En los Juegos Olímpicos de Invierno, el servicio de seguridad interna del ICE estará prestando apoyo al Servicio de Seguridad Diplomática del Departamento de Estado de Estados Unidos y al país anfitrión para examinar y mitigar los riesgos que plantean las organizaciones delictivas transnacionales”, aclaró la agencia en un comunicado.
Las autoridades italianas dieron énfasis entre el rol de investigadores del HSI para diferenciarlos de las tropas que han sido desplegadas en Minnesota en las últimas semanas.
“Seamos claros, no están aquí para mantener el orden público en las calles. Están aquí para colaborar en las salas de operaciones”, afirmó en las últimas horas el ministro de Asuntos Exteriores italiano, Antonio Tajani. “No van a ser aquellos de las calles de Minneapolis. Yo he sido uno de los mayores críticos de las redadas de ICE, pero no es como si se vinieran las SS (las fuerzas paramilitares del partido nazi)”.
Algo que fue reafirmado por el ministro italiano de Interior, Matteo Pantedosi, quien tras una reunión con la embajadora estadounidense Tilman J. Fertitta reafirmó que la participación de ICE en el evento se limitará a su “organismo investigativo”.
En comunicación con El Comercio, el internacionalista Enrique Banús, director del Instituto de Estudios Europeos de la Universidad de Piura, señala que nos encontramos en una situación donde una práctica habitual se ha topado con circunstancias excepcionales.
“Es algo habitual cuando hay visitas de Estado o cuando una delegación importante visita un país que las embajadas correspondientes refuercen su vigilancia y sus fuerzas de seguridad”, apunta. “Sin embargo, en este caso, la delegación estadounidense llega con una agencia que ha presentado actuaciones muy problemáticas y cuyas siglas despiertan emociones muy fuertes”.
Es una situación que pone en algunos aprietos al gobierno italiano, que por los mismos usos y costumbres no puede negarse a la presencia de ICE sin generar un conflicto aún mayor, sobre todo si se toma en cuenta el carácter del presidente Donald Trump.
Para el experto, esta debilidad ha sido aprovechada por las fuerzas opositoras al gobierno, como el alcalde de Milán en un gesto que tildó de populista: “Es como dice el refrán ‘A río revuelto, ganancia de pescadores’ y en este caso todo el mundo está buscando pescar”.
El incidente parece ser no solo una nueva muestra de la cada vez más deteriorada relación transatlántica, sino también de cómo las acciones de Donald Trump están afectando incluso a gobiernos y otras figuras más allegadas políticamente a su visión del mundo, incluso llevando a que políticos europeos de derecha empiecen a abogar por una mayor unidad del bloque, una posición usualmente anatema a su ideología.

La primera ministra italiana, Giorgia Meloni, ha cultivado una relación cercana con el presidente estadounidense Donald Trump. (Foto: Evan Vucci / POOL / AFP)
/ EVAN VUCCI
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Es así que en una encuesta publicada por la revista francesa Le Grand Continent realizada en siete países europeos -Francia, Bélgica, Alemania, Italia, España, Dinamarca y Polonia- encontró que la mayoría de encuestados en el bloque, un 51%, considera que Trump es un “enemigo de Europa”, mientras que solo un 8% lo considera un amigo.
Una actitud que se comparte parcialmente incluso por los votantes de la extrema derecha, como nota un artículo de The Guardian, con entre el 18% y 25% de los encuestados pertenecientes a partidos como Agrupación Nacional (Francia), Alternative für Deutschland (Alemania), Hermanos de Italia y Vox (España) calificando al mandatario estadounidense como hostil al Viejo Continente y entre 30% y 49% de ellos a favor de desplegar tropas europeas a Groenlandia si las tensiones aumentan con Estados Unidos.
¿Muestra la situación en Milán un quiebre duradero de las actitudes europeas hacia EE.UU.? Para Banús, es una muestra de una tendencia mundial por las actitudes hacia Estados Unidos debido a las acciones de su gobernante aunque “todavía sin llegar a los niveles de antiamericanismo que se vieron, por ejemplo, con la Guerra de Vietnam”.
Del mismo modo, la relación entre Meloni y Trump parece mantenerse incólume por el momento, algo para lo que la primera ministra italiana está haciendo extensos esfuerzos, teniendo en cuenta que la primera ministra italiana sirve como un importante puente para que Bruselas haga llegar sus intereses a Washington, después de que los otros interlocutores confiables se distanciaran debido a entredichos públicos, como el caso del presidente francés Emmanuel Macron, o se encuentren en la cuerda floja como el canciller alemán, Friedrich Merz.
“Meloni está entre los líderes europeos que más pueden conseguir llegar a Trump y que, casi en todos los puntos, mantiene la postura europea, así que es importante tener a alguien así que pueda decirle algo”, sostiene Banús. “Otro que puede hacerlo escuchar es el presidente húngaro, Viktor Orbán, pero él no defiende la postura de los intereses del continente”, remata.














