En la Amazonía peruana, una decisión local está marcando un precedente inédito: las abejas amazónicas sin aguijón han sido reconocidas como sujetos de derechos. A través de ordenanzas municipales en Satipo y Nauta, estos pequeños polinizadores (claves para la vida del bosque y para las culturas indígenas) pasan a tener derechos propios y protección legal, junto con los ecosistemas que habitan.
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Su miel, explica, también cumple un rol espiritual. “No es solo un alimento: es una medicina para el espíritu. Cuando una colmena se instala cerca de una familia, es señal de que ese lugar respeta a la naturaleza”, reflexiona Torres.
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DATO
Las abejas meliponas no tienen aguijón y, aun así, se comunican y se defienden de forma muy sofisticada: usan sonidos, vibraciones y hasta “empujones” coordinados dentro de la colmena para alertar cualquier peligro.
Este entramado de ciencia, cultura y territorio fue clave para que las ordenanzas tomaran forma con el tiempo. “La combinación del impacto ecológico, cultural, medicinal y económico de las meliponas es lo que llevó a su reconocimiento legal”, señala Vásquez, quien apunta también a que la meliponicultura genera ingresos sostenibles para comunidades vulnerables y, al mismo tiempo, incentiva la conservación del bosque.
Desde el enfoque legal, este paso es histórico tanto para el Perú como para el mundo. “Declarar a las abejas nativas sin aguijón como sujetos de derechos implica reconocer un marco de derechos propios, específicos no solo para ellas, sino también para sus hábitats”, explican Constanza Prieto y Javier Ruiz, abogados ambientalistas del Earth Law Center.
Ya no se trata solo de conservar una especie, sino de reconocer que estos polinizadores y los ecosistemas donde viven tienen derechos propios que deben ser respetados y defendidos por el Estado y la sociedad. “Reconocer derechos a las abejas significa que ya no son solo un recurso, sino seres que deben existir en ambientes sanos y libres de daño”, precisan los expertos Prieto y Ruiz.
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Para ellos, este logro sin duda puede ir más allá de lo local. “Estas ordenanzas son un ejemplo para otros gobiernos y abren la puerta a planes concretos contra la deforestación y al control o prohibición progresiva de pesticidas”, indican, sobre lo que sería el inicio de un camino hacia un respeto más contundente a la biodiversidad.
El reto ahora es la implementación de la ordenanza. “Necesitamos más datos, más regulación, frenar la tala de los árboles donde anidan las meliponas y controlar el uso de pesticidas”, advierte Vásquez en esa línea. En tanto, la lideresa kukama Betty Torres reflexiona sobre un anhelo que debería ser el mantra de nuestra sociedad: “Al proteger a una abeja, se protege también el futuro de nuestro pueblo”. //














