Al cierre de la jornada de este lunes diversos commodities registraron fuertes apreciaciones, con el oro liderando las ganancias. El metal precioso superó por primera vez en su historia la barrera de los US$5.000 por onza, aunque no fue el único en mostrar un desempeño destacado.
De acuerdo con Bloomberg, el oro subió 0,43% y cerró en US$ 5.008,70 por onza en Nueva York; aunque durante la sesión llegó a superar el nivel de US$5.100 por onza. En tanto, la plata alcanzó máximos de 14% en la jornada, pero su precio D corrigió al cierre para terminar registrando un avance de 0,6% y una cotización de cerca de US$117 por onza.
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Según César Huiman, analista senior de Research de Renta4 SAB, esta vez el metal blanco fue impulsado tanto por su condición de activo refugio como por su creciente uso industrial.

En el grupo de metales industriales, el cobre registró avances de entre 1% y 1,2%, apoyado en las expectativas de mayor demanda asociadas a la transición energética y en señales de estabilización de la economía china. “Estos movimientos reflejan un apetito renovado por los metales, tanto por razones macroeconómicas como estructurales”, señaló Huiman.
¿Por qué subieron los precios de los metales?
De acuerdo con Carlos Gálvez, director y expresidente de la Sociedad Nacional de Minería, Petróleo y Energía (SNMPE), el reciente auge de los precios responde a distintos fundamentos en cada metal, lo que será clave para evaluar la sostenibilidad de este ciclo en el mediano y largo plazo.
En el caso de la plata, Gálvez considera que las bases son especialmente sólidas debido a su creciente demanda industrial. Actualmente más del 30% de la producción mundial de este metal se destina a la fabricación de paneles solares, y se espera que esta proporción siga aumentando conforme se acelera la transición energética global.
Una situación similar se observa en el cobre, cuyo precio también está respaldado por la transformación del sistema energético.
“El precio actual de la plata tiene bases sólidas porque está sustentado en una demanda estructural vinculada a la transición energética. Así como el cobre se ha beneficiado de este proceso, la plata también lo hace al ser un insumo clave para una de las principales fuentes de energía no convencional: la fotovoltaica”, explicó Gálvez.

El panorama es distinto para el oro, cuyo encarecimiento no responde a un aumento de la demanda industrial o de joyería, sino principalmente al atesoramiento. Fondos de inversión y bancos centrales han incrementado sus reservas como refugio frente a la incertidumbre económica y financiera global.
“Esa es la razón por la que hemos pasado tan rápidamente de niveles de US$2.000 a cerca de US$5.000. Sin embargo, no estoy tan seguro de que este nivel sea sostenible, ya que dependerá en gran medida de lo que haga Estados Unidos con las tasas de interés”, advirtió.
Por su parte, Huiman considera que el precio del oro podría sostenerse en el corto y mediano plazo. En el caso de los metales industriales, como el cobre, la demanda estará más ligada al ciclo económico, aunque los déficits estructurales de oferta y la transición energética seguirán actuando como un soporte de largo plazo.
“El principal riesgo sería una reversión abrupta del escenario monetario o una mejora significativa en la percepción de riesgo global”, añadió.
¿Cómo aprovechar el auge de los precios?
Uno de los principales factores que limita la capacidad del Perú para capitalizar este ciclo favorable es la minería ilegal, especialmente en el caso del oro. Según cifras del Instituto Peruano de Economía (IPE), en el 2025 las exportaciones de oro de origen ilegal habrían alcanzado las 110 toneladas, por un valor cercano a los US$12.000 millones.

“El auge de los metales es evidente, pero la discusión está en si los precios se mantendrán elevados durante varios años, impulsados por la transición energética global. Por ello, es clave poner en valor los proyectos mineros en cartera y aprovechar esta coyuntura, ya que existe el riesgo de que el ciclo favorable termine y el país pierda una oportunidad de desarrollo”, señaló Martín Valencia, jefe de Estudios Económicos del IPE.
En esa línea, advirtió que este año el volumen de oro extraído de manera ilegal podría superar al producido formalmente, lo que retrasa el desarrollo de la minería legal en regiones como Madre de Dios, Apurímac, Cajamarca y La Libertad, y pone en riesgo proyectos mineros valorizados en más de S/12.000 millones.
“Un caso emblemático es Conga, que estuvo paralizado durante años por cuestionamientos ambientales. Sin embargo, hoy en esa misma zona se desarrolla minería ilegal que genera una contaminación mucho mayor”, indicó.
La minería ilegal no se limita al oro. Valencia señaló que también se viene registrando extracción irregular de cobre, aunque en menor escala debido a la mayor complejidad técnica que exige su producción.
“Si bien el oro es el principal metal afectado, también hay mineros informales e ilegales extrayendo cobre, por ejemplo, en Las Bambas (Apurímac), sin pagar impuestos ni cumplir con la normativa ambiental. Con el aumento de los precios del cobre, existe el riesgo de que esta actividad ilegal se expanda”, alertó.
Por su parte, Gálvez subrayó que el Perú cuenta con una base productiva sólida en cobre, plata y oro, pero reconoció que varios proyectos se han retrasado por razones políticas y sociales. En ese contexto, consideró prioritario acelerar iniciativas como el proyecto Corani, en Puno, que no enfrenta conflictos sociales y solo requiere respaldo financiero.
“Es un proyecto de tamaño mediano, pero que contribuiría significativamente a la producción de plata. Con precios por encima de los US$ 100 la onza, debería ser relativamente sencillo levantar capital y financiar su desarrollo a un ritmo mayor al que tuvo en el pasado”, afirmó.
Asimismo, indicó que las empresas que operan minas polimetálicas podrían ampliar reservas y aumentar su producción aprovechando los nuevos precios.
“En operaciones existentes, todo depende de la empresa. Hay permisos que obtener, pero los plazos son mucho más razonables que en proyectos nuevos”, explicó.
Finalmente, Gálvez lamentó los retrasos acumulados en proyectos clave y llamó a aprender de las oportunidades perdidas.
“Lo que no se hizo en varios años no se puede corregir en un mes. Tía María debería estar hoy en plena producción y recién se está construyendo; Michiquillay debería estar en plena obra y no lo está; Zafranal también debería estar produciendo o listo para hacerlo. Hemos perdido tiempo valioso”, concluyó.














