Se dice: “El oscuro concierto de My Chemical Romance”. Y se dice la verdad. Ha sido una de las interpretaciones musicales con un mensaje que bordeaba lo sombrío, lo impopular. El relato de un hombre desahuciado que fallece sin más, y que aun así provoca alegrías en Perú, país que abre la gira y que recibe con nostalgia a la banda que fue banda sonora, y motivo de vivir gran parte de la adolescencia con ropa negra.
Se dice: “El oscuro concierto de My Chemical Romance”. Y se dice la verdad. Ha sido una de las interpretaciones musicales con un mensaje que bordeaba lo sombrío, lo impopular. El relato de un hombre desahuciado que fallece sin más, y que aun así provoca alegrías en Perú, país que abre la gira y que recibe con nostalgia a la banda que fue banda sonora, y motivo de vivir gran parte de la adolescencia con ropa negra.
El escenario acompaña la performance; un comité de enfermeras entra en escena bajo la mirada de un ojo sobre el escenario. Una ciudad, como aquella Nueva York tras el 11-S que vio el vocalista antes de fundar la banda, se retrata en la altura. Y por un instante, el rock encuentra en el Estadio Nacional un espacio donde habitar.
Las olas humanas se alzan, Gerard Way no sale del personaje. Habla al público como maestro de ceremonias, presenta pequeñas performance, se arrastra, se retuerce en el piso, y canta con el dolor que acompaña la narrativa del álbum “The Black Parade”. Suenan “I Don’t Love you, cancer, mama, sleep”. Una cadena que mezcla teatro con musica y que da su gran cierre con “Blood”, antes de que el sonido de un violonchelo de cierre a la primera parte del show.
(Noticia en desarrollo)