En la Biblia está escrito: semanas después del diluvio, Noé envió un cuervo para que regresara con una prueba de vida sobre la tierra. Sin embargo, el ave negra no regresó y el hombre temeroso de Dios recurrió a la ingenua paloma. El pintor José Tola (1943-2019) siempre se identificó con el cuervo. Tanto que su estilizada figura le servía de ex libris, símbolo con el que marcaba tanto sus libros como grabados y dibujos. Para el curador Max Hernández Calvo, la idea del cuervo lo remite a la literatura de Poe. Y no le sorprendería que algo hubiera de eso. “Porque Tola tuvo muchas inquietudes creativas que exceden las artes visuales”, nos explica. En efecto, el artista también escribía poesía, prosa, incluso música. Su inquietud intelectual era muy grande.
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Y son esos múltiples intereses, esas tan diversas búsquedas, las que le sirven al curador como hilo conductor para presentar la retrospectiva “Hasta agotar lo posible”, que reúne en la sala Germán Kruger Espantoso del Icpna obras del desaparecido artista desde los tardíos sesenta hasta 2019. La selección busca dar cuenta de aquellas preocupaciones que atraviesan su obra y a las que él volvía, de distinta manera, en distintos momentos. Así, agrupando distintos conjuntos de obra, el espectador puede identificar las búsquedas que animaban al artista. “La exposición busca hablar de un creador que investiga de muchas maneras en su ejercicio creativo”, afirma el curador.
En efecto, alguna vez le pregunté al pintor cuál iba a ser su próximo proyecto. Y él no lo sabía. Sin embargo, su respuesta fue reveladora: “Me siento en una encrucijada, aunque con búsquedas mejor trazadas. Puedo hacer música, escribir o hacer esculturas; trato de ver todas las posibilidades. No sé si eso enriquece la pintura, pero intento relacionar las cosas que son posibles de hacer. No aspiro a un imposible, pero trato de agotar el campo de lo posible”, señaló entonces.
Fallecido el 5 de septiembre de 2019, para Max Hernández la distancia le permite mirar con más claridad el trabajo del artista, separándolo del personaje construido por los medios: excéntrico, arisco, agresivo. Una imagen que él mismo ayudó a construir. Sin embargo, en el largo proceso de investigación para esta retrospectiva, revisando libros, cuadernos, bocetos y apuntes sobre cuestiones prácticas y técnicas del propio Tola, el curador puede dar cuenta de que, contra toda aquella estampa de artista maldito, Tola era un artista especialmente disciplinado, riguroso y metódico. “Es un artista al que lo encuentras siempre investigando, experimentando, explorando, reflexionando, anotando sus procesos”, explica el curador.
Para Tola, sus exposiciones no significaban más que el transcurrir de su oficio. Tomo nota de frases suyas recuperadas de nuestras entrevistas: “Una muestra no es algo que marque mi trabajo, no es la conclusión de nada. Yo tengo muy claro que pintar, para mí, es mi profesión. Exponer es problema de otra persona. Ni siquiera me ocupo de montar”, nos dijo en una ocasión. Sin embargo, reconocía que aquellas muestras le servían para hacer “un recuento” de las cosas. “Yo, día a día, me pregunto qué estoy haciendo, qué he dejado de hacer”, decía.
José Tola retratado en el año 2004. (Foto: Magali del Solar/ GEC)
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