Cuando empezó todo
La fiebre panamericana la introdujo Alan García en el 2009 cuando, siendo presidente, viajó a Guadalajara para sustentar, por primera vez, la opción de Lima para la edición del 2015. Perdimos ante Toronto. García subrayó el ‘enfoque país’, que es complementario al ‘enfoque ciudad’ que pide el organizador Panam Sports. En una reunión del 2013 en Toronto, la delegación peruana sí subrayó el enfoque Lima e, igual que hoy lo hicieron López Aliaga y Adrianzén, vimos abrazarse a la entonces alcaldesa Susana Villarán con el entonces premier Juan Jiménez Mayor. Pero el entusiasmo se convirtió en incertidumbre y luego en dejadez: el Comité Olímpico Peruano (COP), que tendría que haber sido el ente de referencia ante Panam Sports, estaba abstraído en sus cuitas financieras y brilló por su ausencia. La organización fue a parar al Minedu, que bastante ya tenía con la agenda de la educación y no quería abrirse nuevos frentes. El ministro Jaime Saavedra, que se mantuvo en la cartera con Humala y luego con PPK, asumió el encargo sin entusiasmo. Una de las razones por las cuáles Fuerza Popular promovió su censura, fue por su ambigüedad al respecto. Conste que FP, mayoría absoluta en el Congreso, no simpatizaba con los juegos.
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Tras la censura de Saavedra, su sucesora Marilú Martens puso como una de las condiciones para aceptar el cargo (según fuentes del Minedu en aquel entonces), que le quitaran el paquete panamericano. PPK, que sí apostaba por él, se lo pasó al MTC, cuyo ministro era Martín Vizcarra. Además, llamó a Carlos Neuhaus para plantearle que organizara el evento. Neuhaus convocó a Alberto Valenzuela de lugarteniente. El primero fue presidente del comité organizador y el segundo fue su director general. Gracias a un contrato de gobierno a gobierno con Gran Bretaña, el comité fue una isla de eficiencia que, contra el escepticismo general, construyó las sedes contra el reloj y viralizó sus ceremonias de inauguración y clausura como hitos patrióticos. Entonces, se despertaron otros apetitos.
Neuhaus y Valenzuela repararon en que, una vez que acabaran los juegos, todo lo construido iba a ir a parar a diversos entes que desandarían lo avanzado. Allí les surgió la idea de crear un organismo con cierta autonomía que mantuviera lo construido y se preparara para otros campeonatos, un ‘legado’ de lo que se había conseguido. El Minedu, al mando de Flor Pablo durante buena parte del gobierno de Vizcarra, apenas acabó el evento, empezó a reclamar las sedes deportivas para el Instituto Peruano del Deporte (IPD), que estaba adscrito a su cartera. Ello no gustó en absoluto a Carlos, a Alberto y a quienes trabajaron en la organización, y convencieron a Vizcarra para crear el Proyecto Especial Legado el 2 de febrero del 2020 (por cierto, fecha cabalística para el par de pepecistas Neuhaus y Valenzuela, pues su líder Luis Bedoya nació el 2 de febrero de 1919). Alberto fue su primer director ejecutivo. Ante los reclamos del Minedu, Vizcarra solo les dio dos años de vida como organismo temporal.
Legado, probablemente, se hubiera extinguido a los dos años sino fuera porque durante la pandemia, ya en el gobierno de transición de Sagasti, surgió la idea de que se encargara de la logística de la vacunación. Ello reforzó el prestigio del grupo y lo posicionó políticamente para sobrevivir tras su fecha de caducidad. Llegó el gobierno de Castillo y, en principio, no les fue mal. Castillo los trató con sumo respeto, casi con cariño, hasta que se enteraron qué había detrás de sus sentimientos. Mis fuentes de Legado me cuentan que Pedro Castillo llamó a Valenzuela y lo recibió junta al ministro de Transporte, el ahora prófugo Juan Silva. Le plantearon que Legado sea una unidad ejecutora de grandes proyectos del MTC, para los que ya parecían tener hasta los concesionarios escogidos. Un aterrado Valenzuela le dio largas al asunto hasta que lo reemplazaron. Durante el castillismo hubo 3 cabezas que pasaron sin pena ni gloria, hasta que en diciembre del 2022, ya con Boluarte, se designó a Álvaro Castro, que había estado en el comité organizador del 2019, como director ejecutivo y se amplió la vigencia de Legado por 5 años. En julio del 2023, el ente fue transferido desde el MTC, donde lo había dejado Castillo, hacia la PCM. El 29 de enero último fue presentado el nuevo director, Carlos Zegarra, dirigente deportivo judoka con buen background internacional.
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¿Le tocará a Zegarra y a Legado hacerse cargo de los XX Juegos Panamericanos del 2027? La decisión está en el Ejecutivo, pero se lo pregunté a Renzo Manyari, presidente del Comité Olímpico Peruano (COP). Me dijo que apostaba por que Legado tenga el rol directriz y que el COP no aspiraba a dirigir la organización de los juegos pero sí a participar en ella. Manyari también me contó, entrevistado en RPP, que la idea surgió en el COP cuando, alrededor de noviembre del año pasado, se supo que Barranquilla, la ciudad que había postulado con éxito para el 2027, estaba a punto de tirar la toalla, entre otras razones, por falta de respaldo del gobierno de Gustavo Petro. Renzo llamó a su par colombiano para que le confirme la penosa deserción de Barranquilla y enterarlo de que al COP le interesaba postular a Lima.
Manyari había asumido el cargo en el 2021 y no tenía la experiencia de organizar un evento tan grande que demandara el respaldo del gobierno central y del metropolitano. Se puso en contacto con Neuhaus. Este y Valenzuela lo acompañaron a gestionar reuniones con López Aliaga y con Juan Carlos Matthews, ministro de Comercio Exterior y Turismo. Panam Sports dio de baja oficialmente a Barranquilla el 3 de enero y a los pocos días Manyari declaró ante la prensa deportiva el afán de postular a Lima. El 18 de enero, el día del aniversario de Lima, Dina Boluarte contó que ya había firmado la carta de respaldo de la canditatura limeña ante Panam Sports.
El respaldo costará aproximadamente $370 millones, según dijo el ministro José Arista, con gesto de cajero compungido, cuando el primer ministro Gustavo Adrianzén le pidió que respondiera una pregunta al respecto en conferencia tras el Consejo de Ministros. También dijo que el retorno se proyectaba en S/.2,000 millones, aunque no conocemos la metodología de ese cálculo optimista. Si se consigue un objetivo colateral como el apuro de las obras de la Línea 2 para que esta se inaugure antes del 2027 y los visitantes puedan ir entre el Estadio Nacional y la sede de Villa el Salvador conectando entre las líneas 1 y 2; esa sola meta es una buena razón para no ser pinchaglobos panamericano.





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