Hace poco más de un mes, Gustavo Álvarez anunciaba que dejaba la Universidad de Chile por “desgaste” y no porque tuviera un compromiso pactado con otra institución: “Quiero aclarar esto bien lejos del oportunismo, mirando a los hinchas a los ojos: mi planificación para enero es descansar y recargar energías con mi familia”. Al parecer, el argentino no necesita mucho tiempo para recuperar fuerzas y tiene una familia muy comprensiva. Todo esto si es que se confirma, como señalan diversas fuentes, que esta semana será presentado como nuevo entrenador de la selección nacional.
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Álvarez no es un “técnico A1”, lo que no quiere decir que sea una mala elección. Los entrenadores de la élite no suelen fijarse en nuestro medio porque, más allá del dinero que se les ofrece, no les entusiasma trabajar en un país donde la desorganización y la mediocridad parecen estar escritas en la Constitución. En esto, parte con ventaja sobre Ariel Holan, el otro candidato mencionado en las últimas semanas: antes de ser campeón chileno con Huachipato y llevar a la ‘U’ de ese país a semifinales de la Sudamericana, estuvo en Sport Boys y Grau, dos clubes de media tabla que conviven entre la precariedad y el abismo.
Conoce también las paupérrimas condiciones en que se juega la Liga, cómo un abogado puede ser más importante que un ‘9’, y que para el período eliminatorio no tendrá mejor pararrayos que Jean Ferrari, quien cuando asume un proyecto lo defiende a muerte. Al ‘Tin’ solo debe sonreírle, posar para sus fotos en el Instagram y mirarlo de lejitos.
Álvarez procura un fútbol bien jugado, ofensivo, que toma riesgos. Se lo considera un ‘transformador’, es decir, alguien que con poco puede hacer mucho. En Perú no encontrará poco, sino poquísimo: en principio, los restos de la generación de Rusia quemando sus últimos cartuchos, a los que en varios casos deberá recurrir por la ausencia de reemplazos adecuados. Un campeonato donde las posibilidades de aumentar el universo de convocables se reducirá aún más si se concreta la locura de permitir siete extranjeros por club.
Además, encontrará algunos veinteañeros como Quispe, Inga, Grimaldo, Pretell y Garcés aún en período de consolidación. Ni la experiencia ni el conocimiento garantizan el éxito. Profesionales con mejor palmarés que Álvarez, como Scarone y Maturana, fracasaron estrepitosamente cuando les tocó jugar las Eliminatorias. Las artes del argentino para reanimar a equipos en UCI son sus mejores armas. Crucemos los dedos para que con la Blanquirroja obre un milagro otra vez.














