Si el año pasado, el presidente de Estados Unidos vinculó las relaciones internacionales a las transacciones comerciales, ahora sumó el poderío militar para enrostrar a todos que lo que cuenta es el poder del más fuerte. El propio Trump lo dijo hace unos días en una entrevista a “The New York Times”, así que no es una estrategia velada o entre líneas. Es directa, sin caretas ni tapujos.
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Tras lo ocurrido en Venezuela, Estados Unidos ha puesto en claro que objetivo que apunta, objetivo que será tomado, si así lo requieren sus intereses. La Estrategia de Seguridad Nacional que la administración Trump dio a conocer hace un mes ya adelantaba que buscarían restaurar “la preeminencia estadounidense en el hemisferio occidental”.
“Esta nueva estrategia apunta a un aumento de la injerencia estadounidense en la región en los próximos años. No sería sorprendente, a pesar de lo impredecibles que resultan las acciones de Donald Trump, que la captura de Nicolás Maduro sea simplemente un aperitivo de lo que está por venir”, señala a El Comercio Antonio Pagán, investigador del Centro de Estudios sobre China y Asia-Pacífico (CECHAP) de la Universidad del Pacífico.
Por ello, la gran pregunta es cuál será el próximo movimiento. Acá esbozamos algunos de los escenarios que el propio presidente estadounidense ha puesto sobre la mesa:
1. Groenlandia
Los deseos de Trump de controlar Groenlandia no son nuevos. Lo dijo desde el inicio de su mandato, y tras la intervención en Venezuela ha vuelto a reactivar el tema: la inmensa isla del Círculo Polar Ártico es clave para la seguridad estadounidense y necesitan controlarla. “Groenlandia es tan estratégico en este momento, y está cubierta de barcos rusos y chinos por todas partes”, dijo Trump esta semana.

Pero el territorio, que se gobierna de manera autónoma, pertenece a Dinamarca, país europeo que es miembro de la OTAN, la alianza atlántica militar que lidera Estados Unidos. ¿Trump puede invadir el territorio de un país aliado, que además está resguardado por un tratado de defensa avalado por Washington?
La respuesta sería un categórico no. Pero vivimos momentos en que se ha vuelto relativo el respeto a las leyes internacionales.
“En términos prácticos, Estados Unidos ya tiene acceso a la isla sin ninguna limitación. El mismo gobierno danés y el gobierno autónomo de Groenlandia ya habían señalado que no rechazarían una mayor presencia militar estadounidense y ellos mismos han reconocido que la influencia de Rusia en el Ártico es una potencial amenaza”, comenta el analista Jesús Ágreda Rudenko, profesor de Relaciones Internacionales de la Universidad del Rosario, en Bogotá.
Efectivamente, Estados Unidos opera la base Pituffik en el noroeste de Groenlandia, construida después de que firmara con Dinamarca un tratado de defensa en 1951. Desde ahí se realizan operaciones de vigilancia espacial para Estados Unidos y la OTAN, así como monitoreo de misiles.
La primera ministra danesa, Mette Frederiksen, ya dijo que un ataque de EE.UU. contra otro integrante de la alianza atlántica sería “el fin de todo”. Y es que, de concretarse una invasión, sería la primera vez que un país miembro de la OTAN ataca a otro. “Entendiendo lo impredecible que es Estados Unidos ahora, y viendo que empieza a jugar un papel mucho más hegemónico y unilateral en el sistema internacional, en términos prácticos no se sabe si realmente Washington siga pensando que necesita a la OTAN”, puntualiza Ágreda.
Pero la isla no solo interesa por su ubicación sino porque también es una rica fuente de minerales de tierras raras, un recurso indispensable en los dispositivos tecnológicos y cuyo mercado actualmente es dominado por China.
2. Cuba
Otra isla, Cuba, también está en el punto de mira de la administración Trump. Aunque el presidente ha dicho que el régimen castrista “caerá solo” y que no necesita realizar una intervención militar, el optimismo podría estar sobredimensionado.
DATOS
- Francia, Alemania, Italia, Polonia, España y el Reino Unido firmaron una declaración conjunta para señalar que solo Dinamarca y Groenlandia pueden decidir sobre el futuro del territorio ártico.
- En setiembre, Estados Unidos le canceló la visa a Gustavo Petro y en octubre lo incluyó en la llamada Lista Clinton, por supuestos vínculos con el narcotráfico.
Tras la captura de Maduro y el acuerdo al que ha llegado la cúpula chavista con Washington, la preocupación se ha apoderado de los cubanos pues Venezuela, desde los primeros años del gobierno de Hugo Chávez, era el país que proveía a la isla de petróleo barato. A cambio, el castrismo se encargó de copar los aparatos de la inteligencia venezolana. De hecho, la ‘extracción’ de Maduro terminó con la muerte de 32 oficiales cubanos que custodiaban al exmandatario.

Antonio Pagán señala que no parece viable una intervención militar estadounidense en Cuba. “Pero eso no significa en absoluto que el panorama sea optimista para el régimen cubano. Si el chavismo consigue sobrevivir, va a hacerlo a cambio de tener que ceder a determinadas exigencias de Estados Unidos, entre las que se podría incluir la cancelación o reducción de los envíos de barriles de petróleo a Cuba. De ser así, la situación económica de la isla se volvería todavía más precaria”, comenta.
En los últimos cinco años, el PBI cubano cayó un 11% y el gobierno comunista de Miguel Díaz-Canel enfrenta una severa escasez de divisas que ha precarizado los servicios sociales básicos, sobre todo el funcionamiento de su red eléctrica, por lo que la isla vive bajo continuos apagones.
Pese a todo, no es la primera vez que Washington predice la caída del régimen cubano. “Trump no es el primer presidente de Estados Unidos que lo dice. Washington ha estado esperando esto por más de 50 años y hasta ahora no pasa”, expresa Shauna Gillooly, experta en Relaciones Internacionales y docente del Instituto de Ciencias Políticas de la Universidad Católica de Chile. De la misma opinión es Ágreda Rudenko: “El régimen cubano ha sobrevivido a varias crisis económicas. Por un lado, sí hay optimismo de que finalmente pueda caer, pero hay que reconocer la capacidad de adaptación y resiliencia que han tenido en estos años”.
Gillooly, por su parte, señala que una invasión militar también plantea un panorama complejo pues la población estadounidense no quiere que el país esté involucrado en una guerra en el terreno. “Vamos a seguir viendo otro tipo de intervenciones en América Latina, pero no de manera tan directa. Este tipo de acciones no son populares dentro de Estados Unidos”, expresa.
3. Colombia
En Colombia, por el momento, parece que se respira cordialidad. Después de decir que incluso podría volver a tomar las armas como en sus años de guerrillero para evitar cualquier intento de invasión estadounidense, el presidente de Colombia, Gustavo Petro, habló el miércoles por teléfono con Donald Trump durante casi una hora, conversación en la que limaron asperezas después de meses de ataques y sanciones.
EN CIFRAS
- 13 presidentes de Estados Unidos han pasado desde el inicio del régimen de Fidel Castro en Cuba en 1959. Desde entonces, la isla solo ha tenido tres mandatarios.
- 56 mil personas habitan Groenlandia, la isla más grande del mundo. El 80% del territorio se encuentra por encima del Círculo Polar Ártico.
De hecho, poco después de la captura de Maduro, Trump no dudó en decir que Colombia era “dirigida por un hombre enfermo que le gusta hacer cocaína y venderla a Estados Unidos” y que le “sonaba bien” una próxima operación militar en el país.

La llamada telefónica permitió que se estableciera una reunión entre ambos mandatarios para inicios de febrero en Washington, e incluso hizo moderar el discurso a Petro que hasta señaló en una entrevista a “El País” de España que la lideresa opositora venezolana, María Corina Machado, debía entregarle el Nobel de la Paz a Trump.
“Un factor para este cambio de actitud es que las personas que asesoran a Trump le deben haber dicho que Petro ya está de salida pues habrá elecciones presidenciales en unos meses. Y puede que uno esté de acuerdo o no con sus formas y sus políticas públicas, pero Petro ha sido elegido democráticamente”, considera Gillooly.
“Estados Unidos sin duda tendrá un papel mucho más activo en América Latina y ya no va a tener ninguna limitación ética o jurídica para intervenir en los asuntos internos de cualquier país, y el proceso electoral que vendrá en Colombia será un ejemplo interesante de lo que se viene para la región, porque Trump se va a meter de cabeza en todas las elecciones”, expresa Ágreda.
4. México
“Vamos a empezar a atacar por tierra a los cárteles. Los cárteles están controlando México”, fue la nueva amenaza que lanzó Trump hacia México, días después de señalar que había ofrecido enviar tropas para ayudar a la presidenta Claudia Sheinbaum, con quien mantiene una relación cordial.

Aunque la mandataria -de izquierda moderada y alejada de la ultraderecha que promueve Trump- ha rechazado cualquier tipo de vulneración a la soberanía nacional, sigue manteniendo un diálogo abierto con Washington sobre las acciones que su gobierno sigue para combatir al crimen organizado y a las bandas que trafican fentanilo, una de las principales preocupaciones de la actual administración.
Sin embargo, la buena cooperación no podría ser suficiente. “Claudia Sheinbaum está consiguiendo hasta ahora evitar la furia de Trump a través de aumentar las confiscaciones de droga y las detenciones de narcotraficantes. No obstante, nada es descartable a la vista del carácter impredecible de Trump, incluyendo incluso una incursión no autorizada en territorio mexicano dirigida contra los cárteles de la droga. Lo cual implicaría entrar en terreno desconocido en la relación entre ambos vecinos, pero a su vez también encajaría bastante bien con la visión ley de la selva que parece imponerse en la diplomacia estadounidense”, dice Alberto Pagán.
Para Gillooly, sí es poco probable que se concrete alguna operación militar de manera abierta en México. “Sería muy fácil que una intervención en México se convierta en una guerra en terreno estadounidense, debido a la amplia frontera que comparten. Y eso sería muy impopular en Estados Unidos”.
Tras la incursión en Venezuela, cualquier vaticinio podría quedarse corto ante la realidad por venir. Trump ya ha dicho que se maneja por instinto y tratar de descifrar sus próximos pasos se ha vuelto una de las tareas más difíciles para los estrategas de la geopolítica global. Lo que sí está claro es que pocos líderes en el mundo tienen ganas de contradecirlo, o terminarán “extraídos” como Nicolás Maduro.













