Existe la creencia que en publicidad mientras más difícil es el ‘brief’, más costosa podría ser la solución. Pero paradójicamente, las soluciones más brillantes a los problemas de marketing más complejos muchas veces no han tenido que ver para nada con grandes presupuestos. Pero sí con grandes ideas.
Por ejemplo, el año pasado Ikea, la empresa sueca líder en el mejoramiento del hogar, le lanzó a su agencia Rethink de Toronto un reto muy desafiante: convertir a la marca sueca en una de las principales vendedoras de colchones en Canadá.
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La solución que trajo su agencia fue brillante, sencilla, económica y muy efectiva.
Les enviaron una simple notificación de texto a todas las personas que tenían su celular encendido durante la madrugada, con una simple pregunta: “¿Estás despierto? Quizá necesitas un mejor colchón con 15% de descuento”.
Los resultados fueron espectaculares. Se llegaron a enviar más de tres millones de mensajes y notificaciones a los potenciales clientes. Esta simple pero eficiente acción incrementó las ventas en un 36%. Y las visitas online de las personas interesadas en colchones de Ikea aumentó en un 17%. Una solución brillantemente obvia. Una clase magistral de cómo posicionar una marca con el mensaje correcto en el momento correcto.
Y hace poco leí otro gran ejemplo histórico contado por Sir John Hegarty (fundador de la legendaria agencia británica BBH). Él cuenta que a finales de la década de 1950 en Reino Unido había una gran escasez de combustible y la gente empezó a buscar automóviles más pequeños. Es así como Leonard Lord, jefe de British Motor Corporation, le da a su equipo el ‘brief’ imposible: fabricar un auto tan pequeño como para estacionarlo en cualquier lugar, pero suficientemente amplio para que quepa una familia. La solución, fue absolutamente brillante, colocar el motor de forma trasversal en lugar de longitudinal, y con esa genial idea nació el Mini. Un ícono británico que en 1999 fue nombrado el segundo automóvil más influyente del siglo XX y se convirtió en el auto británico más vendido de la historia.
Otra gran lección para entender que los grandes desafíos no necesariamente requieren de grandes presupuestos, pero sí de grandes ideas.














