Hubo un tiempo en el que los ministros del Interior y los directores generales de la Policía, al menos, se esforzaban por guardar las apariencias. “Ya lo vamos a atrapar”. “Estamos tras sus pasos”. “En los próximos días habrá sorpresas”. Esas y otras eran las frases de manual que los funcionarios de turno y sus sucesores proclamaban ante los medios de comunicación. Hoy, ni siquiera eso. Es como si ni se acordaran de su existencia.
Este lunes 6 de octubre se cumplen dos años desde que Vladimir Cerrón pasó a la clandestinidad. La ineficacia y desinterés del Gobierno por capturarlo han sido los principales aliados de la impunidad que disfruta el líder de Perú Libre. Con la seguridad de quien se siente intocable, Cerrón tuitea, comenta sobre el acontecer nacional y realiza transmisiones en vivo. También suele criticar al gobierno de Dina Boluarte, a quien él mismo impulsó al poder al incluirla en la plancha presidencial de su partido. Todo esto desde su cómoda clandestinidad.
Para Cerrón, el aniversario de su huida es un motivo de celebración y una nueva ocasión para seguir burlándose de la justicia. De otra manera, no hubiera escogido precisamente este lunes 6 como fecha de presentación de un libro supuestamente de su autoría, que lleva por título “Perú Libre: del campo a la ciudad”. El texto pretende narrar la historia del partido. De ser así, entonces debería dedicar varios capítulos a Los Dinámicos del Centro. Sería interesante, por otro lado, conocer detalles inéditos sobre la incorporación de Dina Boluarte a la plancha presidencial de Perú Libre, o los entretelones de las conversaciones con Pedro Castillo que llevaron a su hermano Waldemar a anunciar con bombos y platillos su designación como primer ministro, solo para retractarse a los pocos minutos.
Lo más probable es que nada de esto se cuente y que el libro no pase de ser un esperpento propagandístico. Como también es cierto que, para conocer el paradero de Cerrón, tendremos que esperar, al menos, hasta julio del próximo año.














