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El explosivo tuit que lanzó minutos después de la designación de Manuel Barreto como nuevo seleccionador –“Qué sorpresa. Levante la mano el que no se lo esperaba” – tendría un destinatario. No es Jean Ferrari, pese a que sus primeras palabras no cayeron bien en el seno del plantel. Menos Barreto, aunque por el ‘timing’ cualquiera imaginaría lo contrario. Calificarlo como una pataleta por la destitución de Ibáñez, afirman, sería excesivo. Pareciera, más bien, ser una reacción indignada ante el desorden con que el volante y sus compañeros sienten que se toman las decisiones sobre el equipo. El culpable de estas desprolijidades, y verdadero blanco del puyazo, sería Agustín Lozano.
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Las fuentes coinciden en que la relación de Tapia con el presidente de la Federación no es buena, y que cuando se encuentran ni siquiera se da el trabajo de disimularla. El ‘capitán del futuro’, recordemos, ha vivido en Europa desde los 18 años y no tiene los tradicionales resquemores limeños para decir lo que piensa; eso incluye su postura política, como ocurriera en noviembre del 2020 cuando cayó el breve gobierno de Manuel Merino.
Sin embargo, como dirían nuestros abuelos, “tiene razón, pero va preso”. La sensación de que el manejo de la selección se ha deteriorado con la elección de Barreto tiene justificación. La ‘Muñeca’ debe ser uno de los directores deportivos mejor preparados del medio, pero no ha hecho ningún mérito para hacerse cargo de la bicolor, por más que los partidos de la próxima fecha FIFA tengan la misma utilidad que un cenicero en una moto.

¿Se solucionan los problemas echándole gasolina a la hoguera? De ninguna manera. Pero eso ha hecho Tapia al hacer público lo que se siente en la interna del equipo. Ha sido un agente del caos.
Por lo demás, salvo Carlos Zambrano y Pedro Gallese, no hemos escuchado una autocrítica sincera ni de él ni de la mayoría de sus compañeros. Parte del fracaso en las últimas eliminatorias se debió a la actitud poco profesional de ciertos jugadores, y al ridículo divismo que se apoderó de otros, como si la clasificación a Rusia los hubiera convertido en inquilinos de un pedestal y el resto de mortales debiéramos rendirles eterna pleitesía.
En momentos de crisis lo que más se necesita es calma, cabeza fría y mucha humildad. A ver si Tapia se da cuenta de ello.
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