El Congreso de la República ha establecido –con mayor énfasis en estos últimos años– la práctica innecesaria de realizar ceremonias con condecoraciones que no tienen mayor validez o relevancia. En ese afán de notoriedad y ambición por diplomas y medallas, los legisladores vienen realizando actos protocolares sin ningún tipo de filtro.
La Unidad de Investigación de El Comercio acaba de revelar la denuncia por estafa contra Washington López, quien con una red de empresas ofrecía manejar inversiones con alta rentabilidad y cero riesgos. Para captar clientes, López se mostraba como un especialista que aparecía en medios de comunicación y como un condecorado por el Congreso de la República.
López consiguió que una de sus compañías –Washington Capital, la principal denunciada por estafa– realizara un evento en una de las salas más importantes del Parlamento. Se trataba de una charla sobre el “Ciclo alcista de los metales: la oportunidad para la economía peruana”, la misma que culminó con un diploma y una medalla para el hombre acusado de estafar a por lo menos tres personas con más de US$3 millones.
El evento se llevó a cabo, según el propio portal web del Congreso, “por iniciativa del [entonces] tercer vicepresidente del Congreso de la República, Alejandro Muñante [Renovación Popular] en conjunto con la empresa Washington Capital”.
¿Cómo es que un miembro de la Mesa Directiva no tiene filtros sobre las personas que avala para organizar un evento usando incluso el logo de la institución?
Este no es el único caso del mal uso de las instalaciones legislativas para eventos que lindan con la estafa. En el 2024, el suboficial superior en situación de retiro César Alberto Meyer Velásquez denunció en un reportaje del programa dominical “Panorama” que la congresista Kira Alcarraz (Podemos) cobraría por otorgar condecoraciones a expolicías, exmilitares y veteranos de la pacificación.
Según el reportaje, la congresista realizó 10 ceremonias como esas, en las que a los homenajeados les habrían pedido un depósito para la ceremonia, medalla, pin, fólder y hasta el almuerzo.
Estos dos casos configuran una alerta para que la nueva Mesa Directiva tome acciones concretas y prohíba que los congresistas puedan realizar eventos por cuenta propia o con empresas que no pasan ningún tipo de filtro. Ha llegado el momento de que la institucionalidad esté por encima de los intereses particulares de los representantes. En el Parlamento se deberían priorizar los debates académicos que aporten a la agenda legislativa. Ojalá el presidente del Congreso, José Jerí, tome nota para devolverle algo de decencia a la institución en el cierre de la era unicameral.














