-¿Cuáles son, a su criterio, las causas principales de la crisis actual de Machu Picchu y qué aspectos deberían resolverse primero para estabilizar el destino?
La raíz de este problema es la falta de institucionalidad. La concesión del transporte venció hace meses y en lugar de abrir un proceso de licitación ordenado, se puso un parche que no resolvió nada. Eso generó malestar en la población y la inacción de las autoridades locales permitió que el conflicto escale hasta llegar a bloqueos y atentados. Cuando el Estado no toma decisiones a tiempo, otros actores llenan el vacío con medidas de fuerza. Lo primero ahora es apagar el incendio, restablecer la operación, dar seguridad y sentar a los actores en una mesa de diálogo que tenga resultados concretos y no se quede en promesas.
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-¿Qué monto podría dejar de recaudar el Estado y el gobierno regional por boletaje e impuestos en un escenario de caída de visitantes?
Solo en los cinco días de cierre y bloqueos recientes se han perdido más de US$4 millones, si calculamos un gasto promedio de US$160 por persona y 5.000 visitantes por día. Y ese es solo el impacto directo. El verdadero golpe es reputacional, porque los operadores internacionales están retirando a Perú de sus catálogos y los viajeros lo piensan dos veces antes de comprar un paquete. Recuperar esa confianza es mucho más costoso y toma mucho más tiempo que reabrir la boletería.
-¿Cómo impacta esta crisis en los planes de inversión en hotelería, transporte e infraestructura turística? ¿Se está postergando algún proyecto importante?
La incertidumbre es la peor enemiga de la inversión. Hoy tenemos proyectos hoteleros que están detenidos, esperando que se resuelva la situación. Ningún inversionista va a arriesgar millones si no tiene la certeza de que el destino operará con normalidad. Incluso el aeropuerto de Chinchero necesita garantizar un flujo constante de turistas para ser sostenible en el tiempo. Si esta crisis se prolonga, la rentabilidad de estas inversiones se pone en entredicho.

-¿Cómo evalúa el desempeño de la Unidad de Gestión de Machu Picchu? ¿Sería suficiente fortalecerla o se requiere una autoridad autónoma con presupuesto y poder de decisión?
La UGM es un espacio de coordinación entre varias entidades, pero no tiene presupuesto propio ni capacidad de ejecución. No basta con fortalecerla; se necesita crear una autoridad de rango nacional, adscrita a la PCM, con capacidad real de tomar decisiones y ejecutarlas. Si seguimos con el mismo esquema de múltiples instituciones que no se ponen de acuerdo, la crisis se repetirá.
-¿Qué beneficios económicos concretos generaría ejecutar el Plan Maestro de Machu Picchu?
Implementar el Plan Maestro permitiría aumentar de inmediato en unas 1.000 personas la capacidad de carga, poniendo en valor el Camino Inca del km 113 y del km 119 y habilitando centros de interpretación. Con el circuito completo se podría casi duplicar el número de visitantes, pasando de un uso efectivo de apenas 7 hectáreas a cerca de 70 hectáreas, reduciendo el impacto en el monumento y ofreciendo una mejor experiencia.
-Y un mayor gasto por visitante.
Más alternativas y más tiempo de permanencia implican mayor gasto. Si logramos que un turista pase de dos a tres días en el destino, sin incrementar el número de visitantes, su gasto en alojamiento, alimentación y transporte crece significativamente, generando más ingresos para toda la cadena de valor.

-¿Qué tan sensible es la demanda internacional a esta crisis? ¿Cuánto podría tardar la recuperación si no se actúa ya?
Los mercados de alto valor, como Estados Unidos y Europa, reaccionan muy rápido a cualquier señal de riesgo. Si no actuamos ahora, podríamos tardar entre uno y dos años en recuperar los niveles de confianza previos. Y si se pierde el título de Maravilla del Mundo, el golpe sería todavía mayor, porque la noticia tendría un alcance global y afectaría la decisión de viaje de cientos de miles de personas.
-¿Qué medidas urgentes y de mediano plazo implementaría para evitar que Machu Picchu pierda su atractivo internacional y mantenga su rol como motor económico de Cusco?
Lo primero es garantizar que el santuario opere con normalidad y que los visitantes tengan seguridad. Después hay que comunicar de manera clara al mundo que Machu Picchu está abierto y en orden. A nivel de gestión, se debe crear una autoridad nacional adscrita a la PCM, licitar de forma transparente la ruta de transporte y regular el monopolio con un organismo de control como Ositran. Finalmente, hay que ejecutar el Plan Maestro para ampliar la capacidad, diversificar los circuitos y mejorar la experiencia. Todo esto debe ir acompañado de sanciones a quienes promovieron el cierre, para que no se repita y no quede la sensación de que el bloqueo es una herramienta válida de negociación.





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