Hay actividades económicas que las autoridades regulan. Esto debido a diversos factores como la defensa del consumidor ante industrias de corte monopólico, o para la protección del medio ambiente en actividades extractivas. Toda regulación es imperfecta debido a la velocidad con que evoluciona cada sector, lo que complica la tarea al regulador.
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Recientemente, ha surgido un debate sobre si se debería o no regular la tecnología, concretamente la rama definida como inteligencia artificial (IA).
A principios de año, el científico Stephen Hawking junto con Elon Musk –el fundador de Tesla, el fabricante que viene revolucionando el mercado automotor– suscribieron los “Principios Asilomar” para la IA, elaborados por el Instituto por el Futuro de la Vida, el que tiene como objeto entre otros, la evaluación del impacto económico de la IA en los puestos de trabajo para humanos.
Musk opinó que debido al gran potencial de la IA, hay que asegurar sus beneficios, pero evitar, a través de la regulación, un mal uso que atente contra la existencia de la civilización. Hace unas semanas y vía Twitter, Mark Zuckerberg, CEO de Facebook, criticó las visiones apocalípticas de Musk y expresó su optimismo sobre los beneficios que esta tecnología traería al ser humano.
Desde la Revolución Industrial, el hombre ha creado máquinas para mejorar la calidad de vida en el planeta, pero también ha desarrollado armas de destrucción masiva.
Zuckerberg sostiene que la sociedad será capaz de privilegiar el ciclo virtuoso que trae la tecnología y que la regulación sería un grave error. Esta discusión amerita dar un vistazo a lo que viene sucediendo con la IA.
Tras décadas de promesas sobre sus beneficios, recién se empiezan a palpar resultados tangibles. El sector ‘retail’ ya utiliza robots en sus almacenes para procesar pedidos. Las empresas eléctricas están estimando la demanda utilizando algoritmos y la industria automotriz comienza a producir autos que prescinden de chofer.
Una investigación realizada por el McKinsey Global Institute encuestando a 3.000 directivos arrojó que son las empresas más grandes en cada rubro las que vienen incursionando más agresivamente en esta tecnología.
Sin embargo, los emprendedores informáticos han triplicado la inversión en IA en los últimos tres años. La investigación también dio cuenta de que el 66% de la inversión viene siendo captada por Estados Unidos, seguido por China con 17%. Estos países han logrado generar ambientes propicios para el desarrollo de la IA y vienen cosechando resultados.
Está claro que la evolución acelerada de la IA generará gran disrupción y creará oportunidades, así como retos. Los gobiernos deben desarrollar la capacidad de entender el impacto que traerán las aplicaciones diversas, así como prever cambios en la educación y capacitación de la población.
El intentar limitar la creatividad no solo sería un error, sino una tarea imposible. Sí será necesario, sin embargo, difundir principios guía sobre el uso de la IA, para así asegurar sus beneficios y mitigar los riesgos, confiando en el poder de los consumidores informados, quienes demandarán a las empresas, comportamientos éticos a favor de la humanidad y no en contra de ella.
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