Desde tempranas horas, la avenida Brasil se transformaba. Las tribunas, ya armadas con días de antelación, comenzaban a llenarse en las primeras horas del día. Familias enteras, con banderitas rojiblancas, gorros y bufandas, ocupan sus lugares. Hay quienes llegaban antes del amanecer, con la esperanza de conseguir el mejor sitio para ver de cerca el paso de los soldados y oficiales.
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A falta de tribunas para todo el público, muchos paraban a un lado de la pista central de la avenida Brasil con sus carromatos o camiones y allí, trepados como sea, veían el “espectáculo gratuito”. El bullicio era incesante, una mezcla de expectativa y alegría que se amplificaba con la venta de emolientes, anticuchos y butifarras a los alrededores.
Los niños, ajenos a la formalidad del evento, correteaban por las veredas, mientras los adultos repasaban mentalmente la lista de unidades militares que desfilarían. Pero, había un momento solemne, antes el canto del himno nacional. Era cuando el presidente de la República, Fernando Belaunde Terry llegaba con su Cadillac descapotado. Ese arribo era una señal de que todo empezaría en minutos. Los honores de estilo, la revista a las tropas, y entonces, sí, la parada se transformaba en desfile, en un espectáculo militar por tierra y aire.
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AVENIDA BRASIL: LA CABALLERÍA DESFILABA PRIMERO
Primero, el paso imponente de la caballería, con sus equinos perfectamente ataviados y los jinetes luciendo uniformes de gala, una postal que evocaba tiempos pasados. La elegancia de una era donde el caballo era el rey. Los aplausos estallaban, sobre todo cuando los «Húsares de Junín“, con sus inconfundibles capes y morriones, cruzaban la tribuna principal, en una evocación directa a la gesta de la independencia.
Después, el ritmo se volvía más contundente. Las distintas ramas del Ejército: infantería, artillería, ingenieros. Cadetes jóvenes y experimentados oficiales, marchaban al unísono, con sus botas golpeando el asfalto en una precisión casi hipnótica.
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Los tanques, los vehículos blindados y la artillería pesada hacen temblar el suelo, su presencia era una demostración de la fortaleza y modernización de las Fuerzas Armadas. La gente estiraba el cuello hasta el máximo y cargaban a sus hijos para que pudieran ver ese paso de las máquinas que, al final, los asustaba un poco.
AVENIDA BRASIL: LA MARINA Y LA FUERZA AÉREA LE DABAN MÁS COLORIDO
La Marina de Guerra y la Fuerza Aérea no se quedaban atrás. Los marinos, con su distintivo uniforme blanco y azul, desfilaban con una disciplina impecable, evocando la vastedad de nuestro mar.
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Y luego, el rugido inconfundible de los aviones y helicópteros de la FAP que surcaban el cielo de Lima, un ballet aéreo que arrancaba exclamaciones de asombro. Era la modernidad al servicio de la patria, el recordatorio de que la vigilancia no solo se ejercía en tierra.
Era un momento para reconocer a todos aquellos que velaban por el orden y la seguridad del país. Aplausos, vivas, sonrisas y gritos de admiración entre el variopinto público acompañaban el paso de esos hombres y mujeres que eran capaces de arriesgar sus vidas si era necesario.
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En la mayoría de los casos, el frío y el cielo gris eran lo esperado, pero a veces asomaba un tibio sol de julio, entonces el ánimo mejoraba en esas calles de casas de uno o dos pisos, a lo mucho. Sin edificios. La avenida Brasil era libre y espaciosa.
TODO VOLVÍA A LA NORMALIDAD EN LA AVENIDA BRASIL
Al finalizar el desfile, cuando las últimas unidades se perdían en el horizonte y la gente comenzaba a dispersarse, quedaba la sensación de haber sido parte de algo grande, de haber presenciado un ritual que se repetía año tras año, una especie de lazo invisible que unía a los peruanos en torno a su historia y sus esperanzas.
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La parada y desfile militar del 29 de julio en la avenida Brasil era más que un simple evento militar. Revelaba la memoria viva de un país, la manifestación tangible de su soberanía, y un recordatorio de la disciplina y el sacrificio de quienes juraron defenderlo. Y así, el bullicio se apagaba, hasta el siguiente 29 de julio de esa década de 1960.













