El escenario político peruano se asemeja cada vez más al de “The Last of Us” (para los que no la vieron: una serie basada en un videojuego en el que el ‘cordyceps’ es un hongo ficticio que ocasiona una pandemia que transforma a los humanos en criaturas agresivas). En el Perú tenemos a un ‘cordyceps’ legislativo que cada vez se va expandiendo hacia diferentes espacios y que tiene un panorama incierto en el 2026. ¿Encontraremos la cura?
Los partidos políticos fueron los primeros infectados. Su práctica de atomización y debilitamiento institucional se ha instaurado en las organizaciones políticas. La infección vino desde adentro; y hoy la vemos en su máxima expresión con 48 partidos políticos, donde el 80% son como esas bancadas que se crean en el Congreso sin ninguna ideología o agenda de por medio, son grupos creados en busca de obtener beneficios administrativos o de poder.
Otro efecto del ‘cordyceps’ legislativo lo podemos notar en el Ministerio Público y la pugna de poder entre Delia Espinoza y Patricia Benavides ante la cual resulta difícil pedir algún tipo de reorganización, porque no tenemos a la vista un bloque institucional que nos garantice una reorganización alejada de las discusiones por el poder. Todo muy similar a lo que sucede en el Congreso y las pugnas por parcelas, no solo dentro de la propia institución, sino también de otros sectores.
De alguna manera, hemos visto la concepción de un feudalismo donde priman las parcelas bajo la premisa –simple, pero efectiva a sus intereses– del “hoy por mí, mañana por ti”. Esta visión clientelar se ha ido expandiendo hacia otras entidades. A algunos les llegó de sorpresa y otros simplemente la abrazan. En cualquiera de los casos, la suma de todo esto nos ha llevado a escenarios repetitivos de crisis política.
Algo que distingue a “The Last of Us” –más al videojuego que la serie – es que al final de todo no se batalla solo contra el virus, sino contra la territorialidad y las pugnas de poder por defender el espacio de pertenencia. Al final el virus solo saca a relucir lo peor de cada representante convirtiendo el escenario en una democracia fallida.
Regreso a la pregunta inicial: ¿habrá cura? Hablo de una que vaya más allá de paralizar el avance de la infección. Para el sistema político peruano, todas las esperanzas están puestas en las elecciones 2026, donde podremos optar por tener dos cosas que no hemos tenido en los últimos años: un gobierno con bancada oficialista y un sistema de contención –aunque dentro del propio Congreso– para los legisladores.
El sistema bicameral no será la solución total a todos los males del Congreso, pero es un punto de partida –o un punto de reinicio– para pensar en recuperar algo de institucionalidad. Aunque lo principal es entender que esto tomará un tiempo, quizás un quinquenio, mientras nos acomodamos al nuevo sistema de dos cámaras, y se van corrigiendo errores que no se contemplaron en la actual representación inexperta que tenemos. Lo importante es recobrar la visión y ser conscientes de que nunca más debemos acostumbrarnos a lo que vivimos en los últimos cinco años.














