Por más de quince años, Aída Orezzoli ha desarrollado una carrera musical que transita entre lo romántico y lo religioso, sin perder su tono personal. Su voz —limpia y firme— ha sido el vehículo para explorar repertorios diversos, tanto en español como en italiano.
Nacida en Lima y de familia italiana, Orezzoli creció entre dos influencias claras: la tradición católica y el arte como parte de la vida cotidiana. Su tío abuelo, Lorenzo Pelosi, fue sacerdote franciscano, escultor y pintor. A él le debe una frase que terminaría marcando su camino: “Está muy bien que cantes, pero cántale a María”. Esa sugerencia no se convirtió en consigna, pero sí en un eje constante.
En 2007 publicó su primer álbum independiente, producido por Diego Rivera. El tema «Por un beso de tu boca» tuvo alta rotación en la radio limeña. Más adelante grabó una versión en italiano, Per un bacio tuo amore, que le permitió presentarse en actividades oficiales organizadas por la Embajada de Italia, en el ExpoItalia y en eventos privados como la muestra de autos Ferrari. Ha cantado también repertorio clásico italiano, como O sole mio y Il mio canto libero, con la misma naturalidad con la que interpreta temas religiosos.
Ese puente entre lo peruano y lo italiano se reforzó en su visita a la región de Basilicata, de donde proviene su familia. En Potenza recibió la Medalla de Representación del Concilio Regional, un reconocimiento que valora tanto sus raíces como su participación en actividades culturales entre ambos países. La distinción alude a la idea de fertilidad de la tierra y de la mujer, en referencia a figuras marianas muy presentes en esa zona del sur de Italia.
De hecho, su trabajo más reciente tiene que ver con esa conexión. Ha participado en actividades vinculadas a la exposición fotográfica itinerante “Matera é La Basilicata«, organizada por la Fondazione Architetti della Provincia di Potenza y presentada por primera vez en Sudamérica, en la sede del Istituto Italiano di Cultura en Lima. La muestra busca dar visibilidad a la región a través de imágenes y relatos sobre su geografía, arquitectura y devociones.

Aída Orezzoli no fue convocada como visitante ocasional, sino como alguien que encarna ese cruce de historias y territorios. Su participación en la conversación sobre esta exposición confirma que su trabajo actual está vinculado más al diálogo cultural que al espectáculo. Una trayectoria iniciada con una canción escolar, que hoy la sitúa como interlocutora entre dos orillas.
“Es normal, al salir o al escuchar música, notar que la cultura italiana forma parte de la nuestra; se integró y se complementó. Muchas veces es necesario recordar nuestro pasado para comprender el presente”, concluye.












