Si el 2026 durara solo un día, enero sería, sin duda, el desayuno. Junio y julio marcarían la mitad del recorrido: la hora del almuerzo. Setiembre y octubre serían un lonche reparador. Y diciembre nos encontraría preparando la cena. Pensar el año de esta manera no es un ejercicio literario, sino una forma sencilla de entender los ciclos en la familia, en la empresa e incluso en el país. Cada momento exige decisiones distintas. Por eso, poner énfasis en el desayuno es clave para empezar bien la jornada.
En Gloria creemos en el poder del desayuno. Nuestros productos son parte de la mesa de millones de personas cada día, y si algo hemos aprendido es que el desayuno no es solo una rutina: es preparación, unión y una pausa necesaria antes de la acción.
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En este inicio de año vale la pena preguntarnos qué nos puede enseñar ese primer momento del día sobre cómo arrancar este 2026, tanto en nuestras empresas como en el país.
Un desayuno familiar es, ante todo, un ejercicio de coordinación. Cada persona llega con sus propias prisas, pero finalmente se sienta en la misma mesa. Alguien sirve, otro alcanza lo que falta. Hay conversación y escucha. No hay protagonismos, sino cooperación.
Es también un momento para reenfocarnos, ordenar prioridades y construir confianza, dentro y fuera de la mesa. No toma mucho tiempo, pero sí el suficiente para trazar cómo será nuestro día. Al terminar, uno se levanta con energía y con ganas de salir a trabajar, estudiar, crear y contribuir.
En la empresa y en el país necesitamos más espacios así: más conversación, más escucha y más cooperación. Ese espíritu cotidiano es, muchas veces, el que más falta nos hace cuando tomamos decisiones importantes. Y es responsabilidad del liderazgo propiciarlo.
Servir al otro no es señal de debilidad. Pasar el pan a quien lo necesita es un gesto poderoso, por pequeño que parezca. Compartir una taza de leche caliente puede ser la excusa perfecta para conocer mejor a la otra persona. Son esos gestos, pequeños pero consistentes, los que construyen equipos sólidos y culturas sostenibles.
En el mundo empresarial, el desayuno también es planificación. Los mejores resultados no nacen de la prisa, sino de la preparación y la claridad. Los equipos que se escuchan toman mejores decisiones. Y los países que apuestan por el diálogo permanente para impulsar el bienestar llegan más lejos.
Después vendrán el almuerzo, el lonche y la cena. Llegarán momentos de mayor presión, de ejecución intensa y de cierre de metas. Pero nada de eso funciona si el día no empezó bien.
El 2026 puede —y debe— ser un gran año para el Perú si lo empezamos como se empieza un buen día: alrededor de una mesa de desayuno, con preparación, unidad y la convicción de hacer las cosas bien desde el inicio.




