jueves, enero 1

El 2026 no será un año cualquiera. Ocurre que, 20 años después, se producirá una renovación completa del liderazgo político. En efecto, el primer semestre será el turno del nacional: presidencial y parlamentario. La particularidad: por primera vez, en mucho tiempo, se elegirá un congreso bicameral.

A pesar de la evidente reducción del poder presidencial observada en el último lustro, entre enero y marzo, la contienda se enfocará en los aspirantes a dicho cargo y, seguramente, en abril, entrará en su etapa más cruenta. Es más, si repetimos la experiencia del 2021, dos candidatos muy resistidos pasarán a segunda vuelta. Nuevamente, estaremos frente a la figura del mal menor.

En el mismo proceso, se producirá la competencia por escaños en el Congreso, lo que suele ser seguido con poco interés por gran parte del electorado. De hecho, en regiones, la atención parece concentrarse más en los comicios subnacionales de octubre.

Pero, si algo han demostrado los tiempos recientes, es que el parlamento ha resultado ser el principal agente decisor. Lo dicho adquiere mayor relevancia si se considera el retorno del Senado, que tendrá un modo de elección inédito para el Perú.

En cualquier caso, al cierre del primer semestre, el país debería tener su liderazgo político nacional totalmente renovado. Si la opción ganadora no es lo disruptiva que fue en el 2021, muy probablemente, el elenco estable de técnicos se mantenga. No obstante, como hemos visto en los últimos tiempos, la decisión final dependerá del impulso que les dé Palacio de Gobierno a sus propias acciones a nivel sectorial y del soporte que busque o negocie con el parlamento.

Más adelante, en la segunda mitad del año, el país renovará el liderazgo político subnacional. A diferencia del nacional, las reglas en este ámbito no han cambiado: no hay reelección y pueden participar los movimientos regionales. Para muchos analistas, es la contienda que genera mayor interés.

En efecto, con el creciente peso que han adquirido gobernadores y alcaldes, resulta un espacio fundamental para evaluar el destino de las principales iniciativas públicas y privadas. De hecho, en tiempos recientes, las reiteradas colisiones entre el poder nacional y los poderes regionales han impactado con mayor fuerza en quien debería ser, en última instancia, el principal beneficiario: el ciudadano de a pie.

Por todo lo dicho, el 2026 estará marcado por la renovación. Esperemos, en tal caso, que, despejadas todas las incertidumbres electorales, podamos retomar las certezas que impulsaron el crecimiento sostenido de años recientes.

*El Comercio abre sus páginas al intercambio de ideas y reflexiones. En este marco plural, el Diario no necesariamente coincide con las opiniones de los articulistas que las firman, aunque siempre las respeta.

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